Los compradores profesionales suelen empezar por el número de botellas, cuando es precisamente la decisión menos importante. Una vinoteca que guarda mal 120 botellas es peor que una que guarda bien 60, porque el personal debe alcanzar cada botella sin descolocar el resto del botellero.

La segunda decisión es la distribución de zonas. Las vinotecas de una zona encajan en restaurantes con una carta dominada por un tipo de vino; las de dos zonas son imprescindibles donde se sirven blancos y espumosos junto a tintos. Pregunte con qué frecuencia se reponen ambos grupos: si difiere, necesita dos zonas.

El tipo de refrigeración se deriva de la sala. Las vinotecas de compresor con ventilación forzada recuperan la temperatura más rápido tras abrir la puerta, algo que importa en un bar concurrido. Para salas transitables, el sistema split es la única opción sensata, porque saca el calor y el ruido fuera de la bodega.

Por último, elija el vidrio de la puerta con criterio. El doble acristalamiento Low-E reduce la condensación y el daño UV, pero oscurece algo el interior en salas muy iluminadas. El vidrio sencillo luce mejor en vestíbulos de hotel con luz controlada, donde la exposición es justamente el objetivo.